Basilica de Ntra. Sra. de los Desamparados

Historia

LA BASÍLICA

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LUGAR

Desde los inicios del siglo XV, de generación en generación, a través el tiempo y de multitud de espacios, este ha sido el motivo de amor que ha llevado a los cristianos de Valencia a edificar una casa para su Patrona, y a procurar su constante embellecimiento:la gran devoción que profesamos a tan tierna Madre, con el dulce título de los Desamparados

Así, hasta llegar a su torno actual, la Santa Imagen ha seguido un itinerario secular -verificando materialmente el oficio cercano y materno de María- que le ha valido su Realeza entre nosotros; su grandeza se debe, en justicia evangélica, a la humildad de su servicio: El Capitulet de su Cofradía, las casas de los calvarios, el Hospital de Los Santos Inocentes, el patíbulo de ajusticiados, los despojos de los desgraciados. Ha recibido culto popular en varias capillas, ha sido acogida temporalmente en la Seo, ha permanecido oculta en la Casa de la Ciudad… Podemos decir que ha estado siempre junto a su pueblo en los momentos: exultasteis de gozo, angustiosos de rotativas, esperanzadores de penitencia y también dramáticos, de abandono y dolor.

Fue pues, la piedad filial de los valencianos, con toda la grandeza de su anonimato, la que después de adquirir este solar por suscripción popular, y con la ayuda del consejo de la cuita, levantó sobre él, de nueva planta, esta magnífica capilla barroca. El templo quedó inaugurado, contando con el patronazgo real, el 10 de mayo de 1667. Su principal artífice fue el arquitecto requenense, Diego Martínez Ponce de Urrana, ayudado por José Montero y José Artíguez.

Lugar original donde estuvo la Virgen

CAPILLA

Los cimientos descansan sobre el foro de la Valentia romana y dentro del rectángulo perimetral quedó trazado un elegante óvalo barroco, cubierto con atrevida cúpula, rematada por una, no menos airosa, linterna. La fábrica exterior combinada de piedra blanca de Godella y ladrillo de los tejares cercanos, destaca por la majestuosa sobriedad del orden dórico y el azul derámico de gran parte de la cubierta.

Ya en 1694 se amplía para dar cabida al camarín de la Virgen, la sacristía –actual capilla Sagrario- y capilla baja del Cristo-coveta. En 1703, Antonio Palomino rebajó el techo y pintó al fresco sobre la superficie uniforme del revoque, su magnífica Gloria; que lo es en verdad no sólo por el programa iconofráfico, sino también por su calidad, dimensiones, y categoría excepcional de la obra. Este sacerdote cordobés… “Hizo transparente la bóveda para que se viese el cielo; no el cielo azul de la naturaleza: el cielo dorado de la fe”… T. Llorente

RETABLO

No quedaron ahí las cosas, de nuevo los colectores dela Cofradía pidieron por todo el Reino, para seguir acrecentando el templo allá por los años de 1758 y 1819. Esta vez con preciosos mármoles dela tierra: Aspe, Náquera, Buscarró, Vilamarxant, Andilla y Alcublas; menos los de pavimento que fueron traídos expresamente de Génova junto con el verde Italia y el blanco Carraca para las piezas del definitivo retablo mayor. Es el tercero de cuantos han acogido en su nicho a la Sagrada Imagen de la Mare de Déu, (insólita pieza de estilo gótico, labrada en pasta de madera, de dorso plano, ricamente estofada en oro, hoy prácticamente recubierta por aditamentos barrocos). Primero fue uno de madera dorada, obra de Vergara; y por último, el neoclásico imponente que contemplamos y que obedece a las directrices de Vicente Gascó y Vicente Marzo.

RESTAURACIÓN

A lo largo del todo el siglo XIX y principios del XX se construyeron las dependencias de la parte noroeste del templo y la actual Sacristía mayor costeado todo, según costumbre, por la ciudad y los cofrades que promovían cuestaciones, cría de gusanos de seda, gravamen de productos… para subvenir los gastos de dignificación de la casa de la Madre y poder dar cabida en ella a todos sus hijos. La Capilla ha gozado también siempre del beneficio de algunos devotos singulares para su historia, entre los que cabe destacar al cardenal Benlloch, a cuyas expensas se construyó la elegante escalinata del camarín, y que tiene su sepultura a la sobre de la que tanto amó.

Pinturas de V. Requena, G. de la Heurta, M. March, M. Jordán, J. Vergara, F. Llácer, R. Stolz, y otras de menor factura, ornamentan los muros; así como una seie preciosa de tallas barrocas y esculturas de Esteve Bonet jalonan el espacio central de la actual basílica de la Virgen. Mención aparte, por su singularidad, merecen los relieves figurativos de bronce, encastrados en la puerta principal, obra de O. Vicente; así como la reconocida imaginería devocional de C. Vicent y J. Ponsoda.

Edificada por amor, adornada con primor, profanada por ignorancia, repristinada con audacia, consagrada y elevada a la máxima dignidad y, ahora, restaurada con pericia, la casa de la Virgen, asentada en el corazón de la ciudad, es en verdad el lugar donde la mirada de la Señora impulsa nuestra fe: el hogar donde, bajo el manto de la Madre, vuelven a latir los corazones de sus hijos desamparados; el techo que nos cobija y da sustento.

DEVOCIÓN

A la Casa de la Virgen venimos abocados por la necesidad, y de ella salimos confortados y proyectados por el impacto de la grandiosidad y belleza del Amor de Dios. Por eso podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la Basílica de la Mare de Déu es el corazón de la ciudad, de la diócesis, de todos los valencianos, puesto que por aquí pasó y sigue circulando el flujo de su historia cotidiana. En este sentio, resultan particularmente descriptivas las palabras del papa Benedicto XVI: … “El amor a la Virgen es la gran fuerza de la catolicidad” …

Otro cardenal valenciano, el primado D. Enrique Reig, prometió a la Virgen, el día de su coronación, que Valencia le levantaría un templo monumental. Casi cien años después, le ofrecemos como primicia la obra de esta ingente restauración, conscientes de que el verdadero y definitivo monumento, hermoso e inconmovible donde los haya, empezó ya a construirse aquella mañana de mayo, y seguirá edificándose a través del espacio y del tiempo, generación tras generación, en el alma de cada creyente que sea capaz de cantar a los pies de esta imagen de María: … “en terres valencianes, la fe per Vós no mor, i vostra Imatge Santa, portem sempre en lo Cor” …